viernes, 12 de agosto de 2016

Aprende a mirar estrellas fugaces

Madrid no puede ver estrellas fugaces. Dicen los expertos que en este mes de agosto, debido a la contaminación lumínica, los madrileños se pierden más del 80% de luz de las Perseidas. La lluvia de estrellas más famosa del año no existirá en su cielo a menos que se alejen unos ochenta kilómetros de la ciudad. Mirar no es ver. Son lecciones que la vida te va dando poco a poco: Hay cosas que debemos dejar que tomen su distancia. Porque te pongas como te pongas, la luz también ciega.

No es ninguna tontería. A veces no es suficiente dirigir la vista hacia algo para verlo claro. Necesitamos echar de menos, sentir lo que nos falta o incluso saltar al vacío de un precipicio. Al final, la distancia es la única que nos salva porque es el destino de casi todas las cosas que nos impedían avanzar. Lo que significa que si tienes la suficiente valentía para caminar a contracorriente, para cuando te vengas a dar cuenta, habrás conseguido lo más importante.

No nos engañemos. Todos hemos visto corazones rotos sanados con el tiempo. Heridas abiertas que acabaron siendo lección y cicatriz. No es casual que los abrazos y los besos más sinceros se den en los andenes y en las salas de espera de los trenes y aeropuertos.

Y es que como decía ese poema de cabecera de Jorge Luis Borges, “después de un tiempo, uno aprende…”. Tantas cosas. Uno aprende tantas cosas… Quizá por eso admiro tanto a la gente capaz de reconstruirse, recomponerse, repararse en general. A la gente capaz de caer, pero también de volver a levantarse. Y también a aquellos ilusos que se casan con sus sueños. Para toda la vida. Con el convencimiento de que el amor es eso: Luchar para que la ilusión siempre nos inunde la vida y el alma. Para que el corazón siempre lata acelerado. Y para que el inexorable paso del tiempo, no nos destruya, sino que nos enseñe cómo mirar las fugaces Lágrimas de San Lorenzo en el cielo de Madrid, o en cualquier otro.


miércoles, 8 de junio de 2016

Sueña y vuela

He aprendido que no siempre podremos elegir la música, pero sí la forma de bailar cada canción. Que las cicatrices enseñan, pero que las caricias también. Que lo que no existe, debe inventarse. Que siempre hay que expresar los sentimientos y las ideas con libertad. Y como diría Benedetti, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, nunca hay que rendirse.

He aprendido que los sueños, si son de verdad, nunca caducan. Que llevo casi diez años de mi vida juntando letras y que en realidad, por una vez, yo llevaba razón y estaba en lo cierto: Es lo único que sé hacer. También he aprendido a no llegar tarde, a levantarme cada mañana con la ligera sensación de que debo poner la radio y oír el mundo. Y que al final del día, como si fuera un ritual y otra manía parecida a la de no querer decir adiós, debo quedarme con una buena noticia. Porque en el mundo pasan cosas. Cada día, sí. Algunas terribles y otras maravillosas. Algunas que no querríamos leer de forma cotidiana y otras que guardamos con un recorte porque pensamos que nunca más volverán a suceder. Pero ahí están. Todas. Las que suceden y las que no lo han hecho todavía. Esperando a ser contadas. 

Esta es la mejor conclusión. Ha pasado un año y he aprendido que me gustaría contároslas alguna vez si Warren me deja. Solo ha sido un curso y ha pasado volando. Pero es que no podía pasar de otra manera con ese cielo sin nubes, sin límites de velocidad, sin frenazos, sin puertas cerradas. "Sueña y vuela", esa es la gran lección. Sueña con lo que quieres y hazlo sin miedo, a cada hora, a cada instante, a cada segundo. Trabaja tus sueños y solo de esa forma, teje tu realidad. Es acojonante sentir la adrenalina y la felicidad al mismo tiempo.

Ha sucedido. Otra vez ha pasado algo gracias al periodismo.


martes, 20 de octubre de 2015

Déjate sorprender

No había sonado el despertador. Ese día fue la incidencia del sol atravesando los huecos de la persiana los que me habían despertado. Comprobé que nada en la vida nos espera mirando dos minutos el teléfono. Granada llevaba despierta casi dos horas y yo aún seguía revuelta en la cama intentando recordar en qué momento apagué las tres alarmas de las siete.

Me puse en pie. Preparé café mientras Ed Sheeran y su "Tenerife Sea" rellenaba el silencio. Esbocé una sonrisa cuando Matthew y su guitarra llegaron a esa estrofa: "We are surrounded by all of these lies, and people who talk too much". Que quiere decir algo así como que estamos rodeados de mentiras y de personas que hablan demasiado. Casi que lidiar con esta afirmación a diario, también podríamos considerarla una parte intrínseca de lo que supone ser periodista a día de hoy. Y por eso me gusta tanto llegar a esa parte de la canción. Porque también son esos peligros los que hacen de este mundo algo apasionante, algo que merece la pena vivir en primera persona y que es preciso que nadie te cuente.

Casi que ser periodista es como la vida, ¿no?. Entender que a pesar de todo lo que nos digan, lo que no pase por el tamiz de nuestra razón, de nuestra experiencia, nunca será válido porque tarde o temprano lo habremos olvidado. El periodismo y la vida, son cafés a deshoras, sin horarios preestablecidos. Son miradas cómplices en directo y a todo pulmón, son instantes que se congelan en el tiempo como un abrazo que dice "tequierocontodalafuerzademialma". La vida, que diga el periodismo, se basa en los ensayos y el error; "A escribir se aprende escribiendo" pero, ¿y a vivir?, ¿es que acaso a vivir no se aprende viviendo?

Aquella canción hiló esta historia de un martes, que no fue como un martes cualquiera. Me trajo buena suerte. Llegó un mensaje inesperado. Algo que aún no sé cómo leer y que mañana se descifra. Y casi con un brillo centelleante en los ojos, casi esperando que alguien lo entendiese y sintiera ese nudo en el estómago, esos nervios antes de salir a escena, o ese empuje que solo nace cuando tu corazón ríe, cierro los ojos y entiendo que también el motor de la vida es eso, dejarse sorprender un día cualquiera, a una hora cualquiera, en un sitio cualquiera. Y nada más.  

sábado, 17 de octubre de 2015

Eras

Lo cierto es que su risa tenía el agravante de alevosía. Lo cierto es que había miradas que borraban la prisa, que deshielaban el alma pese a no hacerse luego responsables de los desperfectos. Lo cierto es que eras como el cine de verano; Como la primavera para las flores, como la libertad para un pájaro preso que sueña con desplegar sus alas al viento.

Lo cierto es que eras como el abrazo tras una pesadilla, un paraguas en un aguacero, mi canción favorita en el metro y algún verso de Benedetti en los azucarillos del café. Eras la alegría irracional que traen las buenas noticias. El dardo que siempre daba en el centro de la diana. El tiro certero con la última bala del cartucho. 

Lo cierto es que si tú no querías, la vida no tenía ni siquiera la posibilidad de darme miedo. Pero suena el despertador. Y lo cierto es que casi es amor. Lo cierto es que casi no te sueño. Lo cierto es que casi no te quiero. Pero a veces no sé lo que me digo.

jueves, 15 de octubre de 2015

No digas que quieres ser periodista. Ya lo eres. Empieza a serlo desde el primer día.

"Esa frase de los que demostraron que todo esto es mucho más que un sueño. La frase que espero poder pronunciar algún día entre sonrisa y recuerdo"
El sentimiento negativo, Risto Mejide


Han pasado dos semanas. El tiempo suficiente para empaquetar todos esos pretextos, todos esos "yo nunca" y todos los miedos estériles. Han pasado dos semanas. Y a algunos no les parecerá suficiente. A mi casi me parece un mundo. -¡Y no exagero!-. Llevo toda la vida queriendo hacer lo que estoy haciendo. Queriéndome sentir como me siento; Sin abrochar la sonrisa, sin ponerme frenos, como un aventurero experimentando la emoción cuando está apunto de saltar al vacío. Y es que en este pequeño lapso de tiempo, la vida se ha convertido en un contraste de colores cálidos que comparo con el grisáceo color del pasado. Lo cierto es que ya no imagino el final del abismo como un bosque frondoso, sino como un lugar lleno de cosas que tengo, que quiero y que deseo descubrir. 

Estudio en ESCO. Periodismo. -Y casi suspiro escribiendo esto último-. P-E-R-I-O-D-I-S-M-O. Por fin. Por fin cabeza y corazón se han sentado y han decidido ponerse de acuerdo y hacer las paces. Por fin han decidido dejar de darse largas. Dejar de esperar. Dejar de sentir que la vida, segundo a segundo, se les escapaba en cada suspiro lanzado al aire. Ahora son un equipo. Un equipo que quiere recuperar el tiempo perdido. Que no quiere volver equivocarse en algo tan simple como saber elegir lo que nos hace felices. Ahora, y espero que para siempre, esto se convierte en la bitácora de una periodista. Y eso no lo digo yo, que conste. Lo dijo Rafa Marfil en su primera clase de Fundamentos de la Comunicación Audiovisual: "No vuelvas a decir que quieres ser periodista. Ya lo eres. Empieza a serlo desde el primer día". Espetó con una sonrisa tímida que a mí me pareció de lo más tierna. 

Granada huele a primavera. Últimamente me tararea canciones que me ponen feliz. Acaba de convertirse en mi sitio. Granada, después de cinco años, acaba encajando conmigo. Y eso es una buena señal. Significa que ambas, por fin, hemos conseguido ser felices juntas. Después de tanto. Después de todo.

¡Bienvenidos chicos ESCO!
Jornada inaugural para los alumnos de primer curso

domingo, 2 de agosto de 2015

Hay miedos que son bonitos

Cuántas veces se había imaginado al borde del mismo precipicio. En esa fina línea que separa la nada del todo. La valentía de la cobardía. El acierto del error. Cuántas veces había jugueteado a cavilar sobre el destino. Sobre el futuro. Sobre aquellas decisiones que nos marcan la vida y acaban definiendo nuestro paso por el mundo. 

Aquella era la línea que nunca se había atrevido a traspasar en estos cinco años. La línea que siempre cortó las alas de alguien que soñaba solo con volar. Pero de repente, sucede. Sin preámbulos. Alguien te empuja, sin titubeos, sin dejarte margen a la improvisación, sin darte tiempo a una segunda reacción. Echabas tanto de menos que alguien te dijera "Creo en ti. Y en tus sueños." que por un momento sentiste que algo dentro de ti que había roto había conseguido arreglarse. Y aunque tú no lo supieras en ese mismo instante, la esencia de esas palabras ya habían comenzado a  empujarte hacia el vacío con la certeza de que en la vida solo podemos arrepentirnos de lo que nunca hicimos. Las decisiones nunca cuesta tomarlas si de ellas depende nuestro corazón. Como aquella novela de Susana Tammaro, "Donde el corazón te lleve", creo que fue así mismo como me sentí. Por una vez, parecía que todas las piezas que había dejado sobre la mesa comenzaban a tener su sitio en el puzzle. Y entonces sonreí. Volqué todas mis ganas en hacer posible el principio del sueño, que ya era un sueño hecho realidad. Y tuve miedo, sí. Lo reconozco. 

Pero, ¿no es acaso, incluso humano, tener miedo cuando estás apunto de hacer de tus sueños una realidad? Yo creo que sí. Y es que a veces, hasta tener miedo es bonito, si eso nos va a hacer completamente felices. 



viernes, 31 de julio de 2015

El corazón tiene piernas que no ves

Aquella frase de Moccia en uno de sus libros marcó un antes y un después en mis pensamientos de aquella tarde. Eran las ocho. El sol se despedía de mi bajo un atardecer maravilloso, casi de película, bajo el sonido de vaivén de un rompeolas que, en su trasiego y de forma contradictoria, llenaba de paz el viento y la brisa que me golpeaba suavemente la cara.

A lo lejos, algunos chiquillos corrían de un lado a otro. Pero la playa estaba casi desierta pese a ser la hora más propicia para relajarse. En mi reproductor sonaba una de las canciones a piano de Jean-Philippe mientras pasaba el tiempo quitándome sin éxito el resto de arena entre los dedos.

Estaba muerta de miedo. O muerta de rabia. Pero lo disimulaba bien pese a no tener la intención de esconderlo. A veces, cuando no eres capaz de entender porqué, el corazón no asimila que alguien se haya ido sin más. Precisamente, son ese tipo de preguntas sin respuesta las que llenan y bombardean tu cabeza. Una y otra vez. Al constante ritmo de un rompeolas. Una y otra vez, con fuerza, la sonrisa cae a medias porque la razón no entiende que haya personas en nuestra vida que nos dejan una huella que no borra la espuma del mar. Personas que cruzan de paso y a lo largo, y a las que ahora solo les dices adiós en silencio. Alguien que se quedaría para siempre dándole la vuelta a los relojes cuando estos se quedaran sin arena. ¿Alguien? Aquella frase retumbaba una y otra vez en mi interior, vaciando el vaso, las palabras, los recuerdos, que siempre estuvieron llenos de algo, aunque nunca supiera muy bien de qué. Entonces recuperé aquel fragmento y me lo repetí en voz baja. 

Porque cuando alguien a quien quieres se te va, intentas atraparlo con las manos, y esperas también así atrapar su corazón. Pero no es cierto, el corazón tiene piernas que no ves.