No había sonado el despertador. Ese día fue la incidencia del sol atravesando los huecos de la persiana los que me habían despertado. Comprobé que nada en la vida nos espera mirando dos minutos el teléfono. Granada llevaba despierta casi dos horas y yo aún seguía revuelta en la cama intentando recordar en qué momento apagué las tres alarmas de las siete.
Me puse en pie. Preparé café mientras Ed Sheeran y su "Tenerife Sea" rellenaba el silencio. Esbocé una sonrisa cuando Matthew y su guitarra llegaron a esa estrofa: "We are surrounded by all of these lies, and people who talk too much". Que quiere decir algo así como que estamos rodeados de mentiras y de personas que hablan demasiado. Casi que lidiar con esta afirmación a diario, también podríamos considerarla una parte intrínseca de lo que supone ser periodista a día de hoy. Y por eso me gusta tanto llegar a esa parte de la canción. Porque también son esos peligros los que hacen de este mundo algo apasionante, algo que merece la pena vivir en primera persona y que es preciso que nadie te cuente.
Casi que ser periodista es como la vida, ¿no?. Entender que a pesar de todo lo que nos digan, lo que no pase por el tamiz de nuestra razón, de nuestra experiencia, nunca será válido porque tarde o temprano lo habremos olvidado. El periodismo y la vida, son cafés a deshoras, sin horarios preestablecidos. Son miradas cómplices en directo y a todo pulmón, son instantes que se congelan en el tiempo como un abrazo que dice "tequierocontodalafuerzademialma". La vida, que diga el periodismo, se basa en los ensayos y el error; "A escribir se aprende escribiendo" pero, ¿y a vivir?, ¿es que acaso a vivir no se aprende viviendo?
Aquella canción hiló esta historia de un martes, que no fue como un martes cualquiera. Me trajo buena suerte. Llegó un mensaje inesperado. Algo que aún no sé cómo leer y que mañana se descifra. Y casi con un brillo centelleante en los ojos, casi esperando que alguien lo entendiese y sintiera ese nudo en el estómago, esos nervios antes de salir a escena, o ese empuje que solo nace cuando tu corazón ríe, cierro los ojos y entiendo que también el motor de la vida es eso, dejarse sorprender un día cualquiera, a una hora cualquiera, en un sitio cualquiera. Y nada más.
