viernes, 31 de julio de 2015

El corazón tiene piernas que no ves

Aquella frase de Moccia en uno de sus libros marcó un antes y un después en mis pensamientos de aquella tarde. Eran las ocho. El sol se despedía de mi bajo un atardecer maravilloso, casi de película, bajo el sonido de vaivén de un rompeolas que, en su trasiego y de forma contradictoria, llenaba de paz el viento y la brisa que me golpeaba suavemente la cara.

A lo lejos, algunos chiquillos corrían de un lado a otro. Pero la playa estaba casi desierta pese a ser la hora más propicia para relajarse. En mi reproductor sonaba una de las canciones a piano de Jean-Philippe mientras pasaba el tiempo quitándome sin éxito el resto de arena entre los dedos.

Estaba muerta de miedo. O muerta de rabia. Pero lo disimulaba bien pese a no tener la intención de esconderlo. A veces, cuando no eres capaz de entender porqué, el corazón no asimila que alguien se haya ido sin más. Precisamente, son ese tipo de preguntas sin respuesta las que llenan y bombardean tu cabeza. Una y otra vez. Al constante ritmo de un rompeolas. Una y otra vez, con fuerza, la sonrisa cae a medias porque la razón no entiende que haya personas en nuestra vida que nos dejan una huella que no borra la espuma del mar. Personas que cruzan de paso y a lo largo, y a las que ahora solo les dices adiós en silencio. Alguien que se quedaría para siempre dándole la vuelta a los relojes cuando estos se quedaran sin arena. ¿Alguien? Aquella frase retumbaba una y otra vez en mi interior, vaciando el vaso, las palabras, los recuerdos, que siempre estuvieron llenos de algo, aunque nunca supiera muy bien de qué. Entonces recuperé aquel fragmento y me lo repetí en voz baja. 

Porque cuando alguien a quien quieres se te va, intentas atraparlo con las manos, y esperas también así atrapar su corazón. Pero no es cierto, el corazón tiene piernas que no ves. 

jueves, 30 de julio de 2015

Capítulo cero: Levántate.

-PRÓLOGO-

"Grábala en tu corazón para que puedas impulsarte hacia arriba cuando te falte el aire. Cuando ya no puedas más. Cuando la vida te ahogue. Cuando todo sea un sin sentido. Grábala, grábala de veras, como el secreto de tantas horas perdidas que no regresan, como el tiempo que no resurge del reloj después de cada día. Guárdala en ti para siempre, como el emblema de tu viaje y tus conclusiones en esa pequeña bitácora Moleskine. Recuérdala cuando creas que te has perdido en el camino, cuando solo se proyecten las sombras y no las luces, cuando hayas olvidado tus sueños, tus porqués, tus cómo. Recuérdala. 

Haz de ella una leyenda, una canción de cuna con estribillo pegadizo, un prólogo en cada uno de tus inicios. Ten valentía para empezar de nuevo. Para levantarte después de cada caída. Después de cada decepción. Después de cada beso ácido, después de cada abrazo roto. No continúes los capítulos, abre un nuevo libro y empieza a escribir de nuevo. Di "no", a lo que estúpidamente siempre dijiste "sí". Aprende de tus errores sabiendo que solo tú tienes el poder de corregir lo que no te gusta. De perfeccionar lo que sí te hace feliz. No olvides que tus miedos no sueñan y que tus lágrimas no alimentan almas ni corazones. Enamórate de la felicidad que atraes y contagias cuando eres irracionalmente feliz. Enamórate de tus pasos. De tus retos, de tus formas de andar e incluso de la manera que respiras cuando algo te deja sin aliento. No permitas que la vida no te sorprenda. No dejes que nadie camine en tu nombre. Levántate y asume el mando. Usa tu clave y camina. Da igual si tropiezas, si llueve, si truena, si hay niebla o si nieva. Da igual. Tu levántate y demuéstrale al mundo que se puede gritar sin hacer ruido, que se puede conseguir aunque te hayan lastimado n veces. Las heridas cicatrizan y el dolor se va de la mano del viento que siempre, al caer la tarde, y con la brisa y el canto de los pájaros, parece que te susurra que algo te tiene preparado.

Es la luna que siempre sale, son las estrellas que siempre brillan, las que hilan el principio de los finales. Las que nos enseñan que se debe aprender a bailar bajo la lluvia, porque la vida sigue sin cansarse de seguir. Por eso, da siempre lo mejor de ti a todo el mundo que se cruce en tu camino, aunque tan solo sea por varios años, por unos meses, por unos segundos; Vive siempre intentando dejar en cada persona, el mejor de tus recuerdos aunque todo tenga fecha de caducidad.

Y cuando todo haya terminado, cuando las luces se hayan apagado y todo este oscuro, y no recuerdes qué hacer, recorre con tus dedos el surco de la fórmula que llevas grabada a fuego en tu piel. Y entonces, solo entonces, levántate y vuelve a caminar."


Dedicado a todos aquellos que forman parte de esta historia,
a todos aquellos que le dieron sentido a la fórmula,
a mis sueños,
y a mis volverse a levantar.