domingo, 2 de agosto de 2015

Hay miedos que son bonitos

Cuántas veces se había imaginado al borde del mismo precipicio. En esa fina línea que separa la nada del todo. La valentía de la cobardía. El acierto del error. Cuántas veces había jugueteado a cavilar sobre el destino. Sobre el futuro. Sobre aquellas decisiones que nos marcan la vida y acaban definiendo nuestro paso por el mundo. 

Aquella era la línea que nunca se había atrevido a traspasar en estos cinco años. La línea que siempre cortó las alas de alguien que soñaba solo con volar. Pero de repente, sucede. Sin preámbulos. Alguien te empuja, sin titubeos, sin dejarte margen a la improvisación, sin darte tiempo a una segunda reacción. Echabas tanto de menos que alguien te dijera "Creo en ti. Y en tus sueños." que por un momento sentiste que algo dentro de ti que había roto había conseguido arreglarse. Y aunque tú no lo supieras en ese mismo instante, la esencia de esas palabras ya habían comenzado a  empujarte hacia el vacío con la certeza de que en la vida solo podemos arrepentirnos de lo que nunca hicimos. Las decisiones nunca cuesta tomarlas si de ellas depende nuestro corazón. Como aquella novela de Susana Tammaro, "Donde el corazón te lleve", creo que fue así mismo como me sentí. Por una vez, parecía que todas las piezas que había dejado sobre la mesa comenzaban a tener su sitio en el puzzle. Y entonces sonreí. Volqué todas mis ganas en hacer posible el principio del sueño, que ya era un sueño hecho realidad. Y tuve miedo, sí. Lo reconozco. 

Pero, ¿no es acaso, incluso humano, tener miedo cuando estás apunto de hacer de tus sueños una realidad? Yo creo que sí. Y es que a veces, hasta tener miedo es bonito, si eso nos va a hacer completamente felices.